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CAP. III.-EDAD l\IEDIA (SIGLOS v-xv) 401 el norte de Italia, escogiendo la ciudad de Pavía como capital. Lo– graron fundar un reino bastante poderoso y se convirtieron del arrianismo al catolicismo, gracias al esfuerzo del clero misionero y al influjo de Gregario Magno y de la princesa bávara Teodolin– da, ferviente católica, que esposó al rey Agilulfo. Completóse la conversión de los longobardos en tiempo del rey Grimoaldo y de Certarito, que le sucedió (671-688) (7). 560. Misiones en la Gran Bretaña e Irlanda.-Inglaterra reci– bió la fe con la cultura romana. Desde los primeros siglos se con– virtieron los bretones al cristianismo, los cuales, vencidos por los anglosajones, quedaron confinados en el país de Gales, persegui– dos constantemente por sus vencedores. San Gregario Magno (590-60-1), desde su juventud, concibió la idc,a de trabajar por la conversión de los anglosajones. Se cuenta que, habiendo visto en el mercado unos esclavos ingleses, admi– rado de la arrogante apostura, preguntó a qué nación pertenecían, y habiéndosele respondido: Angli s1mt, añadió: Angeli fiant, que– riendo dar a entender con ello su deseo de convertirlos al catoli– cismo (8). Siendo Papa. dió un paso decisivo, enviando a aque– llas tierras al monje San Agustín con cuarenta compañeros (596), que lograron convertir muchos paganos y a Etelberto, rey de Kent, uno de los más poderosos de la comarca, a quic,n siguió multitud de pueblo (597), como era caso frecuente en aquellos tiempos; de tal modo, que al acabar el siglo vn, era ya católica casi toda In– glaterra (9). Se escogieron, por indicación de San Gregorio, como sedes metropolitanas York y Cantorbery; ésta quedó definitiva– mente como sede primada. San Gregorio resolvía las dudas disci– plinares, litúrgicas y morales que le proponía San Agustín y le dió normas admirables de adaptación, que tienen gran valor mi– sionológico (10). En Irlanda se había ya introducido la fe en el siglo rv, y el Papa Celestino I (422-432) envió, en 431, al obispo Paladio con cuatro compañeros, los cuales obtuvieron poco resultado. El ver– dadero apóstol de Irlanda fué el escocés San Patricio, el cual, des– pués de haber sido capturado varias veces por los corsarios, fué a las Galias, donde le instruyó San Germán de Auxerre. Consa– grado obispo, se fué, en el 432, a Irlanda, con el designio de ganar a aquellos isleños para Jesucristo, lo que consiguió después de (7) Cfr. E. D. MoHEAU, o. c., pp. 171-172. (8) Algunos autores cambian la respuesta de San Gregario, y en vez de Ange!i fiant, ponen: Vere s1mt Angcli; otros dicen: 1\'on Angli, sed Angeli. , (9) Cfr. F. CABHOL, L'Ang!eterre chrétienne avant les Normands, Paris, 1908; N. HUNT, The Eng!ish Church from its earliest fomi.dation to tlle Norman conquest, London, 1899. (10) E. DE MoREAU, en DESCAMPS, o. c., p 159. 26
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