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396 P. III.-MISIONOLOGÍA DESCRIPTIVA con grandísimo celo, sobre todo después que Edesio fué ordenado sacerdote y Frumencio obispo de Abisinia (328). La Iglesia abisi– nia floreció bien pronto y el catolicismo se extendió rápidamente por todo el país, siendo necesario crear nuevas diócesis. El catolicismo floreció allí durante muchos años, apoyado por los reyes, hasta que a fines del siglo VI los herejes monofisitas logra– ron dominar en el país con el nombre de coptos. Los católicos per– manecieron fieles y se dieron a sí mismos el nombre de Melquitas. Armenia, donde tanto trabajó, como vimos más arriba, San Gregorio el Iluminado, fué después evangelizada por numerosos católicos, entre los que merece especial mención el obispo San Meropio, a quien se debe la invención del actual alfabeto armenio y la traducción a esta lengua de la Sagrada Escritura en 428. Una santa mujer, llamada Nunia, a quien el Señor había con– cedido la gracia de hacer milagros, introdujo la fe en Georgia (325), región vecina de Armenia. Los cristianos de estas dos regiones soportaron heroicamente las persecuciones de los reyes de Persia, siendo sostenidos y animados por sus santos obispos. Más tarde se dejaron también inficionar por los errores monofisitas, apar– tándose de la obediencia a la Iglesia romana, si bien luego mu– chos de ellos volvieron a abrazar el catolicismo. 552. Misiones en Persia y Arabia.-En Persia siguió haciendo progresos el cristianismo en los siglos III y IV, no obstante las terribles persecuciones del 342 a que los sometieron los reyes de aquel país, por el solo delito de ser la religión de los romanos, sus enemigos. Pero los cristianos persas fueron sostenidos en estas sangrientas persecuciones, además de la gracia de Dios, por el ceio y las exhortaciones de sus obispos, de una manera espe– cial del santo arzobispo metropolitano de Seleucia, San Simeón Barsaboe, que fué también martirizado (342) con ciento de sus eclesiásticos (16). Poco se sabe de la difusión del cristianismo en Arabia. Euse– bio, arzobispo de Nicomedia, consagró obispo a un cierto Teó– filo, natural de la India, y lo envió a predicar la fe a los árabes, lo que hizo con algún éxito, logrando formar algunas cristianda– des (siglo IV). San Simeón Estilita (t 459), tan conocido por las historias de los Padres del Desierto, fué el más famoso de los apóstoles de aquel tiempo. La singularidad y santidad de su vida y su elo– cuencia natural ejercían una gran influencia en el carácter ar– diente de los orientales, que se convirtieron en gran número al cristianismo. Predicó durante unos treinta años ( 427-457) en las proximidades de Antioquía a las numerosas tribus árabes que (lG) Cfr. J. LABDURT, Le christianisme dans l'Empire persc, Paris, 19M
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