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P. III.-:\!ISIONOLOGÍA DESCRIPTIVA 546. Método de misionar en este período.-Al método de mi– sionar en este primer período de las Misiones lo podríamos deno– minar con toda propiedad método apostólico, ya que el sistema de evangelizar de los Apóstoles, que puede verse en los Actos, fué, poco más o menos, el utilizado por todos los demás predicadores del Evangelio. Consistía en probar primero la falsedad de los ídolos, que eran obras de los hombres; cómo no podía haber más que un solo Dios a quien se debía adoración y amor; narrar la vida de Jesucristo, probar su divinidad y exponer su doctrina y la necesidad del bau– tismo para salvarse. Modelos de esta forma de predicación los tenemos en los He– chos de los Apóstoles (15) y en las Epístolas de San Pablo, donde también veremos cómo sabían acomodarse a la capacidad e ideolo– gía de sus oyentes, pues no predicaban lo mismo a los judíos que a los gentiles, ni a las clases humildes que a los sabios del Areópago. ARTICULO II SEGUNDO PERIODO: DESDE EL EDICTO DE MILAN (313) HASTA LA EMIGRACION DE LOS PUEBLOS GERMANOS Y ESLAVOS (siglo V) 547. La Iglesia en este período consolida sus pos1c10nes en el Imperio Romano. Al mismo tiempo que los obispos y presbíteros se dedican a la con– versión de los paganos en sus respectivos territorios, los Santos Padres y escritores eclesiásticos asientan sobre sólidas bases la teología católica, labor muy necesaria para combatir a los herejes, que pululan por todas partes durante este período. La labor misionera de la Iglesia es de tal intensidad, que cuando sobre– viene la invasión de los bárbaros era ya cristiano todo el Imperio Romano. La fe se extiende también con éxito por Armenia, Persia, Arabia y Etiopía. 548. Herejías.-Las misiones, que en el primer período tenían casi exclusivamente por objeto convertir al cristianismo a los in– fieles, tuvieron que servir en gran parte, en este segundo período, para volver al gremio de la verdadera Iglesia a los herejes, que, si bien no negaban a Cristo, admitían, sin embargo, errores funda– mentales acerca de los dogmas del cristianismo. Los herejes comenzaron a infestar la Iglesia ya desde los pri– meros siglos, pero desde el siglo nr, sobre todo, se multiplicaron tanto que apenas había ciudad o comarca, así en Oriente como en Occidente, que no estuviera infestada de ellos. (15) Art., X, 34-H; XIII!. 16-42; XIV, 14-17; XVII, 22-32.

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