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392 P. III.-MISIONOLOGÍA DESCRIPTIVA era tolerante con los dioses de las diversas naciones, porque con– sideraba las divinidades nacionales como necesarias para la exis– tencia del mismo. El cristianismo, como combatía tales divinidades y no quería doblar sus rodillas ante los ídolos paganos, fué per– seguido. Las grandes persecuciones empezaron con Nerón (54-68), se recrudecieron bajo Domiciano (81-96) y continuaron en tiempo de Trajano (98-117), Adriano (117-138), Antonio Pío (138-161), Mar– co Aurelio (161-180), Septimio Severo (193-211), Maximino (235- 238), Decio (249-251), Valeriano (253-260), Aureliano (270-275) y Diocleciano (284-305). En esta época, que podríamos calificar de heroica, son misio– neros todos los cristianos, desde los Pontífices y Obispos hasta lo., esclavos cristianos. Además de los misioneros de contacto por la predicación, y de ciencia por los escritos y la enseñanza, existían Jos misioneros mártires, que con su sangre y su muerte influían más poderosamente que con las palabras (11), ya que, al decir de Tertuliano, la sangre de mártires es semilla de cristianos (12). Y fruto de aquella sangre y de aquel proselitismo, oral y escri-t:o. fué la rápida propagación del cristianismo, que ya lo l1enab~; todc: las ciudades, las aldeas, el ejército, el foro, el senado y 1 as clases todas de la sociedad, según expresión del mismo Tertu– liano (13). 543. Misiones en el Imperio romano (siglos 1-111).-El Imperio Romano puede considerarse en los tres primeros siglos de la Igle– sia como un inmenso campo de misión, que fué conquistado poco a poco por el ejército misionero. El Evangelio fué el fermento que transformó aquella ingente masa pagana en cristiana. Los obispos que nombraban los Apóstoles para las diversas Iglesias tenían el carácter de verdaderos misioneros, con la obligación de predicar la fe a los infieles que encontrasen en la ciudad o co– marca que se les asignaba. Así, todos los obispos nombrados por los Apóstoles, como los siete que San Pedro envió a España y los que San Pablo y San Juan pusieron en las Iglesias de Asia y de Grecia, eran otros tan– tos misioneros celosísimos, que, ayudados de sus presbíteros y diáconos, lograron el gran milagro de la conversión del mundo infiel. 544. Misiones en Persia y Armenia (302).-El Imperio romano era estrecho campo para el celo de los misioneros cristianos, que, obedientes al precepto de Jesucristo de predicar el Evangelio en (11) Cfr. AGUIRRECECIAGA, La vida misional en la Era primitiva de los mártires, conferencia II, p. 50. (12) Apologeticum, 50, P. L., I, 603. <13) Apologeticum, 37, P. L., I, 525.

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