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390 P. III.-iVIISIONOLOGÍA DESCRIPTIVA sermón dirigido al pueblo con motivo de la curación del cojo de nacimiento (4). 540. Misiones apostólicas (5). - Después de Pentecostés, San Pedro y los demás Apóstoles continuaron su actividad misionera, al principio en Jerusalén, después en los pueblos y ciudades de Judea, Galilea y Samaría, secundados por los discípulos, uno de los cuales, el diácono Felipe, hizo una adquisición importante para el cristianismo en el Eunuco de la Reina Candaces de Etio– pía (6). Mención especial merece el diácono San Esteban (35), cuyo ardiente celo le mereció la gloria del martirio y el honor de ser el protomártir de la Iglesia y de los misioneros. San Pedro evangelizó la Judea y Samaría, según consta por el libro de los Actos; parte-- del Asia Menor, por lo menos la ciudad de Antioquía, de la que fué el primer Obispo, y donde los discípu– los comenzaron a llamarse cristianos; y después de recorrer Bitinia, Capadocia, Ponto y Galacia (7), llegó a Roma, donde puso su Sede definitivamente y donde predicó el Evangelio hast.a su glo– rioso martirio, que sucedió probablemente el afio 67. San Juan, que tenía su residencia en Efeso, extendió desde allí su actividad evangélica por muchas de las ciudades del Asia Menor. La tradición nos asegura que San Andrés evangelizó en Escitia y Acaya, donde sufrió el martirio; San Mateo, la Etiopía; San Bar– tolomé, la Armenia y la Arabia meridional; Santo Tomás, la Asi– ria y la Mesopotamia, llegando hasta la India; Santiago el Mayor, uno de los tres discípulos predilectos de Jesús, vino a esparcir la luz del Evangelio a España, que se gloría de reconocerle por su Patrono. Fué el primer Apóstol que dió su vida por Cristo, hacia el año 44. San Judas Tadeo y Santiago el Menor ejercieron su apostolado en Palestina, donde aquél escribió su Carta hacia el año 63. San Felipe predicó en Asia Menor y murió en Hierápolis de Frigia. San Simón el Celoso y San Matías evangelizaron en las regiones de Persia y Mesopotamia (8). Pero ninguno de los Apóstoles mostró, sin duda, mayor activi– dad en la propagación de la fe que San Pablo, Apóstol de las Gentes. Convertido de perseguidor de la Iglesia en vaso de elec– ción el año 36 para llevar el nombre de Jesucristo a los gentiles, recorrió infatigable el Asia Menor, donde fundó numerosas cris– tiandades; pasó después a Grecia, fundando las de Tesalónica, Fi– lipos y Corinto; predicó a los sabios del Areópago; volvib a reco– rrer por segunda y tercera vez las mismas regiones, sufriendo (4) Act., IV, 4. (5) Cfr. SCHMIDUN, L c. (6) Act., VIII. 26-40. \7) I Petr., I, l. (8) Cfr. FREDEGANDUS CALLAEY, o. F. 2\1. Cap.• Prnelcctiones IIistoriae Ecc!esias– ticae antiguae, pp. 111-114, Romae, 1944.
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