BCCCAP00000000000000000000621

CAP. II.-EDAD ANTIGUA (SIGLOS I-V) 389 Por otra parte, esta misma esperanza brillaba también entre los gentiles, cuyo estado de degradación había llegado a tales ex– tremos que se hacía necesaria la venida de un Redentor, que era esperado entonces más que nunca por todas las almas rectas que aun quedaban en el paganismo; esperanza que se reflejaba viva– mente en muchos de sus ritos y en los oráculos de sus Sibilas. 536. Jesucristo, fundador de las misiones.-A llenar todas es– tas esperanzas y deseos vino Jesucristo, quien, al mismo tiempo que fundó la Iglesia, fundó también las Misiones, por el mero hecho de encomendar a esa misma Iglesia la propagación del Evangelio y la predicación de la fe por todo el mundo. 537. Primeros ensayos.-Para esta obra grandiosa de la Pro– pagación de la fe quiso Jesucristo valerse de los hombres y escogió doce discípulos, a los que llamó Apóstoles, que quiere decir misio– neros, y a otros setenta y dos, a los que llamó simplemente dis– cípulos. Antes de mandarlos definitivamente por el mundo a pre– dicar su Evangelio, quiso adiestrarlos en esta difícil empresa, y con este fin los envió de dos en dos por los cercanos pueblos de Palestina, dándoles entonces algunas reglas o normas de conducta que habían de observar en su ministerio y que, por ser de J esu– cristo, tienen un valor extraordinario e indiscutible y que «muy bien pueden considerarse-dice Hugo Mioni-como el gran Código del misionero católico» (1). 538. Misión de los A11óstoles.-Poco antes de subir Jesucristo al cielo quiso encomendar definitivamente a sus Apóstoles la difí– cil misión de predicar su Evangelio por todo el mundo y de llevar la luz de la fe a todas las gentes que yacían en las tinieblas del error, con aquellas palabras memorables: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar las cosas que Yo os he man– dado» (2). 539. Pentecostés.-Los Apóstoles, cumpliendo este mandato di– vino, comenzaron a predicar el Evangelio desde el primer día de la fundación definitiva de la Iglesia. El día de Pentecostés, año 33, el Príncipe de los Apóstoles, San Pedro, obtuvo la conversión de cerca de tres mil hombres (3), número que se elevó hasta cinco mil pocos días después en otro (1) Manuale di Missionologia, lib. I, ;r, p. 15, l\Iilano, 1921 ; Scm.unu::-;-, Katholische Missi01JSgeschichte, p. ll. (2) Matth., XXVIII. p. 11 (3) Act., II, 41.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz