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374 P. II.-?iUSIONOLOGÍA JURÍDICA a su voluntad. Si queremos hacer algún progreso, éste debe ser nuestro primer paso» (4). La primera táctica de este aposto– lado es implorar la gracia del Espíritu Santo para que ilumine a todos los que están fuera del redil y a todos los misioneros cató– licos para que cooperen eficazmente en el apostolado de la unión (5). Cualidades de los misioneros.-A la oración hay que añadir la acción sabiamente dirigida y prudentemente aplicada. Para eso los que se dedican a este difícil apostolado es necesario que estén revestidos de ciertas cualidades de orden espiritual y científico. En primer lugar, es menester que posean una fe firme y sólida– mente apoyada en los principios revelados; que estén adornados de un espíritu de paciencia, de discreción, de afabilidad, de socia– bilidad y de delicadeza; que tengan una sana y prudente flexibi– lidad para saber adaptarse a las personas y a las circunstancias diversas; que nunca busquen el interés material en el trabajo apostólico. Deben resplandecer principalmente en la caridacl, evitando todo aquello que pueda ofender la susceptibilidad de los Hermanos, los cuales deben ver en los misioneros el puro amor fraterno que les mueve a trabajar para que vuelvan a la casa paterna que un día sus antecesores, desgraciadamente, abandonaron. San Vicente de Paúl nos indica que el espíritu de caridad debe animarnos hacia ellos: «Demos, antes de todo, a los protestantes ejemplo de la verdadera caridad; no es disputando contra ellos como se convierten, sino amándoles y haciéndoles bien. Es nece– sario también dar ejemplo de justicia; y los protestantes la mere– cen como todos los demás (6). San Pedro Canisio escribía al Padre Acquaviva, en enero de 1593: «No les tratamos (a los di– sidentes) con dureza; porque Jesús no obró así. No discutimos de– masiado con ellos sobre cosas de la fe; porque no lograríamos más que radicarles en sus opiniones; nuestro ejemplo hará más que nuestras palabras para convencerlos» (7). Además de estas cualidades de orden espiritual, los misione– ros deben poseer vastos conocimientos acerca de la doctrina y con– diciones de los disidentes. Cuál fué el origen de la herejía, del cis– ma, de la separación de Roma; cuáles son sus doctrinas y sus ra– zones; qué acusaciones lanzan contra la Iglesia verdadera; cuá– les los prejuicios que conservan contra ella y las objeciones que proponen. (4) Cfr. KENNETH MACKE!<ZIE, Union of Christcndom, p. 193, London, 1933. (5) En la p. 244 hemn3 hablado del Octc,·mio de oraciones ¡:or Ja unión. (6) Cfr. J. CALVET, Saint Vinccnt de Paul, tcxtes choisis et commentés, p. 95, París, 1913. (7) Cfr. O. Bn.rn::snrncrn, B. P. Canisii epistolac et actc, t. VIII, p. 130, F'reiburg, 1923.

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