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CAP. VI.-DE LA TÁCTICA DEL APOSTOLADO 373 Por Hermanos Separados entendemos todos los cristianos que no están unidos con la Iglesia de Roma; por tanto, se incluyen to– das las Iglesias cristianas del Oriente que están separadas por la herejía o el cisma, y la Seudo-Reforma Protestante con sus múl– tiples sectas. No es de nuestra incumbencia tratar aquí del origen, causas, historia y naturaleza de esas Iglesias acatólicas, sino so– lamente del modo de quitar los obstáculos, las disidencias y las divisiones que impiden la unión de todos los bautizados en un solo cuerpo místico. El problema de la unión es grave y urgente; para resolverlo hay que usar dos armas: la oración y la acción. l. LA ORACIÓN.-El consentimiento de todos los pueblos en una unidad ecuménica es obra de Dios; las industrias humanas, aunque muy recomendables, por sí solas no podrán llegar a ob– tener el fin deseado. Se requiere la mano de Dios para cambiar los ánimos de los ortodoxos orientales y de los protestantes, acos– tumbrados a un gran espíritu de libertad en materia de religión; se requiere también la acción de la gracia para que los católicos lleguen a persuadirse que la vuelta a la Iglesia de los Hermanos Separados la tenemos que merecer con una vida más cristiana y con un concurso más positivo y directo. El primer medio pan~ la unión es, pues, la oración humilde, fervorosa y perseverante. Los Sumos Pontífices han inculcado en todas circunstancias la ora– ción. El inmortal León XIII, en la Encíclica Provida Matris, de 5 de mayo de 1895, diez años antes de la iniciativa del Octavario del P. Watson, mandaba que en la Novena de Pentecostés se rogase por la reconciliación de nuestros Hermanos Separados. El mismo Pontífice, con Breve del 23 de agosto de 1897, fundaba la Archi– confraternidad de Nuestra Señora de la Compasión, destinada a ser una vasta asociación de oración para la vuelta de Inglaterra &. la fe católica; y con otro Breve del 25 de mayo de 1898 erigía la Archiconfraternidad de Nuestra Señora de la Asunción para la conversión de las Iglesias disidentes, con la sede en la iglesia de Anastasis de los PP. Asuncionistas de Conn - Lapon (Constanti– nopla (1). Benedicto XV compuso una hermosa plegaria para la unión de los cristianos de Oriente (2). Pío XI, en la Encí– clica Ecclesiam Dei, con motivo del III Centenario del martirio de San Josefat, apóstol de la unión, recomendaba dos medios para obtenerla: el culto a la Santísima Eucaristía y la devoción a la Santísima Virgen (3). Los mismos disidentes reconocen la necesidad de la oración. Son expresivas palabras del Obispo protestante de Nueva York, Gui– llermo Mannix: «Debemos-dice-orar y trabajar por la unión, porque Cristo la quiere y porque la nuestra desunión es contraria (1) Cfr. P. MANNA, I. FratcHi Scparati e Noi, PD- 393-395. (2) Cfr. P. MANNA, o. c., '.PP- 391, 423-425. (3) Cfr. Ibid., ;,. 397.

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