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CAP. V.-DE LA ADAPTACIÓN MISIONERA 371 514. 6. Adaptación artística.-El arte es una de las manifes– taciones del genio y de la cultura de un pueblo; es, por tanto, muy natural que cada país ame su patrimonio artístico. El arte cris– tiano debe adaptarse en los países de misión a las exigencias y gustos locales, con tal que no sean contrarias a las leyes de Dios y de la Iglesia. En la arquitectura, en la pintura, en la música y en todas las manifestaciones artísticas, se deben tener en cuenta las costumbres, el clima, el paisaje, los materiales, las tradiciones del país. Sería un grande error querer introducir en todas partes el arte europeo o de la propia nación. Mons. Costantini, delegado apostólico en China, y después secretario de la Sagrada Congre– gación de Propaganda Fide, es uno de los grandes defensores del arte indígena y ha dado a luz varias publicaciones a este propó– sito (3). 515. 7. Adaptación litúrgica.-Siempre que no contravenga a la santidad del culto y a las leyes de la Iglesia será conveniente adaptarse al país. Los cánticos populares religiosos, la música, los libros de devoción y los catecismos en lengua vulgar, etc., deben seleccionarse y componerse según los gustos legítimos de la re– gión. Igualmente se deben preferir y solemnizar más las fiestas religiosas de los Santos y Misterios que simpaticen y se acomoden más a las inclinaciones nacionales. En la historia hablaremos de la famosa cuestión de los ritos chinos y malabares. Si bien fué un punto muy discutido, sin embargo, demuestra la necesidad que algunos sentían de adaptarse a las costumbres de aquellos regio– nes. Lo que indicamos acerca de estos puntos de adaptación se puede aplicar a otros aspectos de la vida misional. El misionero no debe tener por lema: rechazar, destruir y 1idiculizar; sino edi– ficar, mejorar, perfeccionar, elevar en todos los sentidos y ende– rezar lo que esté torcido. Ejemplos admirables de esta adaptación tenemos en los grandes misioneros: San Francisco Javier, Juan de Montecorvino, P. M. Ricci, Schaff, Verbiest, Nobili, Massaia y otros. El misionero de hoy tiene ya el camino trillado por la ex– periencia de los antepasados y por las sapientísimas normas ema– nadas de la Santa Sede y de los Concilios Plenarios celebrados en Misiones. No tiene más que someterse con humilde rendimiento a la obediencia. Además, las costumbres de los infieles en la actua– lidad, su etnología y mentalidad, nos son más conocidas, favore– ciendo no poco la idea y el deseo que sienten algunos pueblos de europeizarse y americanizarse, como ellos dicen, para que nues– tras cosas les sean menos dificultosas e inaceptables. (3) Cfr. arriba, pp. 305 y sigs.
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