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368 P. II.-MISIONOLOGÍA JURÍDICA a los naturales que la formen para ellos. Proceda con la diploma– cia divina que exige su ministerio como embajador y representan– te del Rey universal de las naciones (17). 505. 10. Las cuestiones sociales.-Las convulsiones sociales no son exclusivas de Europa, se van extendiendo por todo el mundo y llaman a las puertas de los países incivilizados. La crisis eco– nómico-social, el desequilibrio de las modernas sociedades y el malestar social penetra en todas partes. Las ideas socialistas, co– munistas, bolcheviques y sectarias toman cada vez proporciones más alarmantes. La Oficina Internacional del Trabajo ha cons– tatado más de una vez que ese malestar se nota también en los países de misión. Muchas revistas misionales se ocupan del problema, cuya so– lución ha de buscarse en los principios de la Sociología cristiana y enseñanzas de la Santa Sede, aplicados a las necesidades y cir– cunstancias de los países. El misionero no debe vivir al margen de la cuestión social, ni tampoco ignorar sus soluciones, y, sobre todo, debe impedir la propagación de las ideas demagógicas, anár– quicas y comunistas que comienzan a pulular en las naciones in– civilizadas (18). Otros muchos fenómenos de orden social podrían aducirse, pero por no exceder los límites de un Compendio, nos abstenemos de explicarlos. Los lectores podrán apreciar la trascendencia de las cuestiones mencionadas y las que de ellas se derivan. 506. No queremos, sin embargo, pasar en silencio una conse– cuencia que de lo dicho se infiere: La necesidad del clero indíge– na. Ninguno, como los sacerdotes nativos, puede adaptarse mejor a la índole psicológica, étnica, social, política y climatérica. Sólo el negro puede penetrar profundamente en el corazón del negro. El blanco, a pesar de su cultura occidental, será siempre un ex– tranjero que con dificultad penetrará en el fondo de la conciencia psicológica y nacional del indígena. Aun en el caso que, con tra– bajo, observación y esfuerzo obtenga un máximum de adaptación, nunca se captará las simpatías como los sacerdotes naturales del país. Los Sumos Pontífices Benedicto XV y Pío XI se dieron per– fecta cuenta del problema, y de ahí sus cálidas exhortaciones en pro de la formación del clero indígena. Mientras esos deseos de la Iglesia no lleguen a ser consoladora realidad, es preciso trabajar, observar, sacrificarse, adaptarse y hacerse todo para todos, a fin de ganarlos a todos para Jesucristo. (17) Cfr. C. CARMINATI, O. C., 'P· 567; R. ALLIER, o. C., t. II, :p. 448. (18) Cfr. A. AR"<AU, s. J.. La incl11striclización de los países nuevos y nuestros misioneros, en n. extr. de El Siglo de las Misiones. dic. 1929; E. FEY lFTAROLD, Missions and Machines, en The International Rcview of Missions, vol. XXI, n. 82, a:bril 1932; A. BossAERS, S. J., Sorne aspectts of the labour problem in China. Geneve, 1927.

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