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366 P. II.--MISIONOLOGÍA JURÍDICA en la fe abrazada tiene que costar grandes esfuerzos. La convi– vencia con los miembros de la familia, las amistades y relaciones sociales, las costumbres y prácticas de los conterráneos, todo el ambiente pagano, hostil o indiferente, fácilmente sofoca la débil y tierna planta de la fe que apenas acaba de nacer en esos co– razones. Si es posible separarles, formando familias o colonias indepen– dientes, bajo la dirección de los misioneros, se asegurará la co– secha. Como eso no ha de ser siempre viable, se requiere un cul– tivo esmerado y una vigilancia constante, para mantener la fide– lidad, la firmeza y el fervor en los neoconversos. 501. 6. La diferencia de castas.-En algunas regiones de Afri– ca existen tres especies de castas: jefes, hombres Libres y escla– vos. En la India son innumerables. Esa diversidad de castas, cla– nes y clases constituyen un impedimento enorme para la évan– gelización. Es punto de honor mantener su posición social y no mezclarse con los no pertenecientes a su clan. ¿ Cómo conseguir que se reúnan para los cultos, oraciones públicas, audición de la misa y recepción de sacramentos? De igual modo serán práctica– mente imposibles los matrimonios entre personas de distinta cas– ta, la formación de familias, de centros de instrucción o catecú– menado (13). Estas son dificultades tangibles, de que se lamentan a diario los misioneros de Oriente. Las conversiones, por lo regular, se ve– rifican en las clases más pobres y necesitadas, quedando prete– ridas y al margen las más elevadas (14). 502. 7. La legislación.-Esta suele ser muy rudimentaria. De ordinario, se basa en las costumbres y en las tradiciones por las que se rige la condición social de cada uno. Hay jefes, libres, es– clavos, propiedades, obligaciones y derechos sociales cuya viola– ción se somete a la autoridad o a la justicia. En lo que no se opongan a la fe y a la conciencia, deberá el misio– nero, al principio por lo menos, adaptarse, condescender con sus gustos, respetar las leyes, los derechos y, principalmente, a las autoridades. Lejos de causar detrimento a su misión, le atraerá las simpatías, el respeto y el ascendiente de cultura y delicadeza sobre ellos. Si las leyes no son contrarias al catolicismo, recomen– dará su cumplimiento como principio de orden y de atracción. En caso contrario, con sagacidad y prudencia, sabrá eludirlas; pero no combatirlas inmediatamente hasta lograr un ascendiente do– minador sobre los indígenas. La táctica y la estrategia reguladas (13) Cfr. G. DUFONTENY, o. c., en BtLlletin des Missions, nov.-dic. 1929, p. 519. (14) Cfr. P. MANNA, La conversión de! mu.ndo infiel, p. 45; KEITH, Journa! Roya! Asiatic Soc., 1909, p. 471; R. ALLIER, o. c., t. II, 'P'P· 131, 294.

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