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CAP. IV.·-OBSTACULOS DEL APOSTOLADO 365 carles el amor y la devoción que deben profesar a la Madre es– piritual de los cristianos, la Virgen Santísima, con cuya protección obtendrán gracias especiales para la familla. 498. 3. Infanticidio.-El infanticidio causa verdaderos estra– gos en algunos países. La moral atea del confucionismo, el culto supersticioso de los antepasados, el desprecio con que se mira a la mujer, el prejuicio de que el nacimiento de hembras es impedi– mento para el nacimiento de varones, la pobreza y necesidades fí– sicas, etc., son causas de tantas víctimas como se roban cruelmente a la sociedad. De aquí la apremiante necesidad de favorecer y pro– pagar la Obra de la Santa Infancia para salvar esas almas ino– centes. 499. 4. La esclavitud.-Es otro fruto del paganismo egoísta y despótico. Su origen está en el abuso de la fuerza. Los débiles son absorbidos por los fuertes. La fuerza civilizadora de la Iglesia ha tratado siempre de suprimir la esclavitud y defender las legíti– mas libertades del hombre; sin embargo, existe todavía en algunos países. Un misionero escribía desde Tanganika, en 1889: «Veo desfilar ante mis ojos 300 esclavos; no pasa día sin que centenares de estos infelices sean deportados a la América del Norte.» Y el Cardenal Lavigerie computaba en unos 400.000 los desventurados que se lanzaban al mercado público (12). En Borneo, Nueva Gui– nea, Melanesia, Polinesia, Micronesia, Australia y otras regiones contimia todavía esta opresión. Es evidente que esa multitud inerme no se podrá evangelizar ni traer a la verdadera libertad de hijos de Dios sin conquistar pri– mero a los opresores, o bien sustrayéndola a su despótico dominio. ¡ Cuántos esfuerzos y cuántas energías tendrá que gastar el misio– nero para conseguirlo! Cosa parecida sucede con la mujer entre los mahometanos y paganos. Se la considera como un ser inferior, sin prestigio, sin dig– nidad, sin respeto y sin derechos jurídicos. Su condición es de sier– va o esclava. Negados sus derechos y su libertad, ¿cómo es posi– ble convertirla sin consentimiento de su dueño? Degenerada en el harem de los mahometanos o en la zanana de los hindúes, ¿cómo podrá recibir con agrado la doctrina pura del Evangelio? Esto no obstante, si el misionero sabe presentar hábilmente la dignidad a que ha sido elevada la mujer por el cristianismo, no podrá me– nos de suscitar en su ánimo deseos de justa emancipación. 500. 5. El ambiente.-Si las conversiones fueren colectivas, locales o regionales, no tardará en formarse un ambiente cristia– no; pero si son individuales y aisladas, la constancia y fidelidad (12) Cfr. C. CAR~!INATI, O. c., p. 191.
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