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364 P. II.-IVIISIONOLOGÍA JURÍDICA 496. l. Poligamia.--Por la dureza del corazón permitió Dios a los judíos del Antiguo Testamento la poligamia. Existió en los pueblos antiguos y perdura todavía en países no civilizados. Es una verdadera plaga social de difícil extirpación. En unas partes es efecto de la corrupción; en otras, más de costumbre y tradi– ción; en algunos obedece a la posición social, estimándose la ca– tegoría de la persona por el número de esposas que la rodean. Provenga de una u otra causa, constituye un impedimento grande para la conversión. Si uno de los cónyuges desea conver– tirse, forzosamente se ve obligado a separarse de la parte concubi– naria. Bastará su conversión para que se le arroje de la familia, de la tribu, de la casa, etc. Y ¿ cómo se resignarán a vivir separa– damente de sus connaturales, perseguidos con peligro de vida? Se necesita virtud heroica para superar tan inminentes peligros y dificultades. Por otra parte, si un personaje distinguido quiere convertirse, al abandonar sus concubinas será desprestigiado y decaerá de su clase. Esa falsa estimación, el respeto humano y el amor propio le impedirán la realización de sus propósitos. Mas lo arduo no es imposible. La experiencia y el testimonio de celosos misioneros nos enseña que las conversiones de los polí– gamos, aunque más raras, se dan (9). Algunas sectas protestan– tes toleran la poligamia en esos países, como un caso de excep– ción; los católicos no podemos transigir. Al misionero le perte– nece orar y trabajar. Dios dará el fruto, cuando le plazca. En tales países es preferible intensificar más el apostolado entre los niños; por ellos se influirá en los padres, y, cuando menos, se reformarán las generaciones sucesivas (10). 497. 2. La familia.-La familia pagana difiere mucho de la cristiana. La poligamia forzosamente disminuye el espíritu fami– liar. La desigualdad de derechos entre los cónyuges, los celos, pre– ferencias, maledicencias, etc., de las diversas mujeres, impiden las íntimas relaciones de familia. Sólo la monogamia, informada del espíritu cristiano, puede formar hogares felices (11). Dos cosas pueden facilitar la formación de la familia: la conversión simul– tánea de los miembros y el ejemplo constante de matrimonios cris– tianos de buenas relaciones domésticas. En algunas partes los hijos sienten amor intenso hacia sus madres. Excelente cualidad que se debe aprovechar para incul- (9) Cfr. G. DurnNTENY, o. c., en Bulletin des Missions, no\·.-dic. 1929, p. 324. \10) Cfr. F. THOONFB, Conversion of parents through the children, en Conver– sion. Compte de la huit. Sem. de Mis. de Louvain, 1930. (ll l Cfr. DUFONTENY, o. c., mai-jun. 1927, p. 275.
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