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CAP. IV.-OBSTÁCULOS DEL APOSTOLADO 363 rá la gracia. Un catecumenado prolongado y sólido, la frecuen– cia de los sacramentos, la oración privada y pública, la mayor se– paración posible de los no convertidos y del ambiente pagano, el ascendiente del misionero, sus cuidados y vigilancia, las frecuentes visitas y exhortaciones, etc., etc., irán vigorizando la voluntad de los neoconversos, acostumbrándoles a la vida piadosa. Si los Apóstoles y evangelizadores de todos los siglos se hubieran abatido, abandonando la empresa ante las apostasías, deserciones y reinci– dencias de los convertidos, quizá estuviéramos nosotros todavía envueltos en las tinieblas del paganismo e idolatría (8). ¿ Qué hubiera sucedido si San Pedro, San Pablo y Santiago se hubieran dejado llevar del abatimiento? Otros muchos fenómenos psicológicos fundados en la idiosin– crasia de los indígenas, en la escasez de cultura, en el atavismo, en las tendencias innatas y otros muchos factores, se presentan con frecuencia en los países de misión. El estudio atento de todos esos coeficientes, nocivos o favorables, debe constituir una de las pre– ocupaciones más importantes del celoso obrero evangélico. Como norma general. debe acomodarse, en cuanto lo permite el dogma y la moral; si la acomodación no es posible, buscar los equivalen– tes cristianos; si tampoco es conveniente, destruir lo intolerable por medios indirectos, con suavidad y dulzura, animado siempre de la insinuante caridad cristiana, que es benigna, paciente, nunca se irrita ... En estos elementos no nos es dado extendernos más; basta lo arriba esbozado, para que el inteligente lector pueda darse cuenta de la diversa fenomenología indígena, y que la adaptación supone observación reflexiva, estudio serio, aplicación prudente y sacrificio constante. ARTICl:LQ Il DE LAS DIFICULTADES DE ORDEN SOCIOLOGICO 495. En el terreno social se nos ofrecen también importantes problemas. No queremos con esto decir que sean completamente separables de los individuales y psicológicos, puesto que la socie– dad se compone de individuos. Sin embargo, se les puede consi– derar como fenómenos de la colectividad y con relación a la multi– tud y al bien común. Como en el artículo anterior, sólo señalamos los puntos comunes de mayor relieve. (8) Cfr G. DuFONTE.,Y. o. c., en Bullctin des .Missions, sep.-oct. 1927, p. :,40, y nov.-d_ic. 1927, p. 369; Cfr. R. ALLIER, o. c., t. I. caps. XII y XIII.

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