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CAP. IV.-OBSTÁCULOS DEL APOSTOLADO 361 prácticas supersticiosas y mágicas oscurecen la mente con mul– titud de errores, endurecen el corazón, pervierten los sentidos con usos abominables. La tradición y el atavismo milenario forman como una segunda naturaleza que cristaliza en rebeldía, endureci– miento, sensualismo y embrutecimiento. La prudencia y solicitud del sabio misionero sabrá sustituir las prácticas idolátricas, por el verdadero culto; los fetiches, por las imágenes; los amuletos y talismanes, por los escapularios y medallas; los ritos supersticiosos, por los sacramentos y sacramen– tales; los macabros entierros, por los solemnes funerales católi– cos ; y así en las demás cosas. El método indirecto y de sustitu– ción será más oportuno y eficaz. Si se pretende ridiculizar o des– truir directamente, por ley psicológica, se producirá una reacción contraria de funestos resultados (6). 493. 7. Elemento hierático.-Toda religión tiene sus cultos especiales, cuyas funciones se verifican comúnmente por los sacer– dotes, que suelen ser la expresión viva de los valores intelectuales y morales de la cultura. Reciben diversas denominaciones, según los países y religiones. En Birmania, China, Ceilán, Cochinchina, Tibet, etc., son bien conocidos los bonzos y lamas, que gozan de fama de sabios y ascetas. Los brahmanes, dedicados al culto de Brahma, pertenecen a la casta más distinguida de la India, y la leyenda cuenta que salieron de la boca del dios Brahma. Sus per– sonas son sagradas e inviolables. Honran a veces a las divinidades con sacrificios humanos. En Africa septentrional existen los mara– butos (Marabet) o los santones mahometanos. Algunos de ellos viven en los desiertos, montes, bosques y cavernas; otros, en fa– milia, tribus y cábilas. Son muy respetados, se dedican a brujerías y encantamientos y llevan una vida lasciva. Los musulmanes se sienten honrados en su compañía, defendidos de toda insidia y vio– lencia. Llega a tal punto su insensatez, que se considera distin– guido un musulmán que cede momentáneamente sus derechos con– yugales a un marabut. En el Japón, América del Norte, Colombia, Perú y otras regiones hay sacerdotes del sol, de la luna y otros astros, con los cuales consultan los negocios más importantes, en– vían sus mensajes y rinden culto con un ceremonial muy complejo. En muchos puntos, sobre todo, del Africa, el sacerdocio se identi– fica con la hechicería. En Fernando Poo habitan esos hechiceros sacerdotes de las cavernas, a donde acuden los indígenas para con– sultarlos, porque creen tener un poder oculto de comunicarse con el mundo suprasensible ; en Zanzíbar se recurre al hechicero para (6J Cfr. G. DwoNTE.",Y, o. c., en Bulletin des Missions, Gep.-oct. 1927, pp. 34.. y sigs. InEM, Griefs des indigcnes au. sujet de L'Apostolat, en Autour du probleme de l'ad(IJ}tation, Compte rendu de la quatriéme Semaine de Miffiiologie de Louvain, 1926, pp. 11 y sigs.

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