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360 P. II.-MISIONOLOGÍA JURÍDICA endurecimiento, la frialdad y la obstinación (4). Ni aun en eSe caso se debe desistir de la empresa, sino esperar el día de la gracia... La explicación de la doctrina evangélica, la oración en privado y en común, el culto católico, la reparación posible del ambiente pagano, la explicación de los estragos que causa la inmoralidad y los demás medios de evangelización irán, poco a poco, mode– rando los bajos instintos, dulcificando las selváticas costumbres. Si la acción entre los adultos se considera totalmente infruc– tuosa, será preciso concretarse a los jóvenes y niños, separándo– les, formando colonias, colegios, alejándoles en lo posible de la comunicación con los mayores, con lo cual se obtendrá la eleva– ción de las generaciones sucesivas. 492. 6. Las supersticiones y la magia.-Imposible hablar de las supersticiones y magia de todas clases que se dan en los pue– blos infieles; se necesitarían varios volúmenes. Son una prueba de los sentimientos religiosos del hombre, de la creencia en un Ser supremo, de la inmortalidad del alma, de la influencia oculta de los espíritus, de la necesidad de la plegaria, de la expiación y otras verdades religiosas. Son también indicios de la existencia de una Revelación primitiva y prueba convincente de la debilidad de la humana razón. La degeneración de las ideas religiosas ha llegado hasta querer legitimar los delitos y justificar la perversi– dad moral. Así, por ejemplo, en Ceilán se inmolan al demonio jovencitos de ambos sexos; el rey Mtsa, en Uganda, arrojó una vez a los cocodrilos del Victoria Nyanza 500 hombres para aplacar a las divinidades del lago; a principios de este siglo existía toda– vía en algunas islas de Oceanía la costumbre llamada caza de ca– bezas; en Borneo se cree aún que ningún difunto puede entrar en el reino de ultratumba, si no va acompañado de hombres con la cabeza cortada (5). A lo dicho se añade también la multitud de magos y hechiceros que tienen la astucia de engañar al pueblo con el uso de amuletos y talismanes; las creencias relativas al sol, la luna, los astros, las tormentas, los vientos; a los demonios, antepasados, parientes, etc. Todo esto, que varía según las regiones, razas y culturas. es un obstáculo formidable para la propagación del cristianismo. Las (4) Rabiando de la obstinación, dice el P. Silvetri: «He ahí el tormento do :os tormentos, ¡pobre misionero! Alzar los brazos, como Isajas, hacia un pueblo que no te cree y te contradice sin cesar, es decir, verte continuamente rodeado de multitud de idólatras sordos a todas tus exhortaciones; oír los ruidos, la música, los estam– pidos, la algarabía con que celebran las fiestas de este o aquel ídolo; ver las pagodas repletas de ,gente y una multitud entusiasmada y enardecida al pie de un miserable tablado donde se representa una comedia inmoral, mientras tu capilla y tu casa <'stán solas, olvidadas y envueltas en el silencio y la indiferencia del pueblo' n Ite..., p. 259. (5) Cfr. c. CAR1,1IN"ATI, o. c., ,p. 135; R. ALLIER, o. c., caps. IX y X; Dun,,.-n:.. ,Y, o. c., mai-juin 1927, p. 280
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