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439 motivos de gratitud y fidelidad; verbigracia, el aniversario de un gran favor, el nombre de un bienhechor... etc... Se cae en ridículo juzgando de los hombres por los nombres, por el traje, por la opinión y no por el conjunto de sus acciones, cediendo a preocupa– ciones necias como al cuento de los martes funes– tos o al número trece. No· prometamos grandes cosas al contar una historia o suceso, ni se haga exagerado aparato de lo que se va a decir. Tanto mayor será el efecto cuanto menos previsto. Los pasos o episodios desagradables o repul– sivos se procuran vestir de fantasía o cubrirlos de flores. Hay muchos que, como Domiciano, se pasan muchas horas en su gabinete cazando moscas y, ensartándolas en un alfiler de oro. Quién dice eso dice cosa parecida y muy ridícula para un hombre que debe saber ocuparse... Muchas veces nos exponemos al desprecio ajeno, no porque lo que se hace sea despreciable, sino por las circunstancias exteriores. Plutarco nos dice que Minerva se corrió de sí misma el día que, tocando la flauta, vió en una fuente el torpe. aspecto de sus hinchados ca– rrillos. Nunca debe el religioso o el hombre vanaglo– riarse de las habilidades inferiores a su cláse o rango.
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