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- 433 - duce en nuestra alma un placer puro y desintere– sado, sea la belleza absoluta real, o sea la ideal; sino también los sentimientos intelectuales, como el deseo de saber, el amor a la ciencia; los sentimien– tos éticos, como el amor a la justicia, al orden y al curnpliento del deber. Se debe cultivar el sentimiento de lo bueno por el sentimiento de lo bello y viceversa n>. Como la belleza moral es algo intrínseca, es preciso comenzar por lo que está al alcance de los sentidos externos: por la hermosura, por la belleza material, pero subordLlada a la idea moral. Estos sentimientos estéticos afinan el sentimien– to social y hacen agradable el trato y la conversa– ción, con lo cual podernos pasar a tratar de la cor– tesía como forma externa de la educación social. Y es preciso no olvidar que en la religión aun vivimos en sociedad con nuestros hermanos y con los extraños, como hemos ya repetido. El hombre se desbasta y humaniza al influjo de la educación social. Será una mejor preparación para la perfección. Sería suficiente, a falta de otra moral, que cada uno observara fielmente las reglas impuestas por la cortesía. Pero con vengamos en que la cortesía no es un (1) Armand Loisel, en ,L' experience esthétique et I' ideal chrétien, (1919), demuestra vigorosamente la impotencia del Arte como Religión.
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