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- 432 - tos puestos a la acción de los superiores y aun a la de los iguales. Debemos respetar lo ajeno para que respeten nuestra personalidad y nuestra acción. Quien des– conozca o no acate los deberes de respeto mutuo .es indigno de vivir en sociedad. El respeto mutuo es la gran ley de la vida religiosa. Compasión. Lo que la ley cristiana nos enseña sobre compasión hacia los enfermos indigentes y presos, la ley social lo encuentra muy natural. Si es muy noble abajarse lleno de compasión a la choza del menesteroso para consolarlo espiritual y corporalmente, sería doblemente reprobable vivir en Comunidad careciendo de este sentimiento. Hay horas amargas dentro y fuera de la religión, y en esas horas de amargura que siente todo cora– zón es preciso ejercitar la compasión. La amistad es un rocío celeste que deja Dios caer sobre el corazón amargad~. No seamos amigos y consoladores onerosos; seamos hermanos ... repartamos a los pobres la li– mosna del corazón. Como ama la madre a sus hijos debiéramos amar a los hermanos; y ¡qué ricos de compasión nos sentiríamos entonces! ¡Dulce consuelo del corazón compasivo, en el cielo recibirás tu galardón! Entra, finalmente, en el campo de la educación moral o de la voluntad el cultivo de los sentimien– tos superiores. No solamente el de los sentimientos estéticos o de la belleza, que es todo lo que pro-
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