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- 428 - o sea el instinto social caracterí,tico del ser racio– nal. Al asociarnos en Comunidad no fué despoján- . donos de aquel carácter. Nosotros hemos nacido, digámoslo así, para ayudarno:, lü5 uno3 a los otros < 1 >. Hasta los elefantes, dice Bufón, aman la sociedad de sus semejantes. Nosotros hemos de respetar es:1 tendencia e in– clinación humana, por ser cosa que emana del mis– mo Dios antes qLfe del género hum1no. Es verdad que dicen haber encontrado en el li– bro quinto «De Rerum natura,, de Lucracio, una teoría, según la cual, la sociedad resulta de inven– ciones humanas... Es verdad que Hobles hizo de la sociedad un p_roducto de la razón en oposición al estado de naturaleza, que según él era el esta10 de guerra... Es verdad que los filósofos han inventado la formación de un Leviatán déspota, sin ley y sin regla, para ellos el organizador del derecho civil y de la religión ... < 2 > Pero todo ello está fuera de la doctrina expuesta por León XIII, que proclama que el hombre es naturalmente social. Por consiguiente, el religioso que destruye su naturaleza al perfeccio– narse debe respetar las exigencias sociales y procu– rar, según su estado, una cultura y educación social y para que nadie atribuya a esta cultura fines ajenos a la perfección, recordemos que, según La Chaussie, la sociabilidad aceptable, reclama como base: (I) Nom sommes nés en quelque sorte les uns pour les autres. Bon.) (2) Loche admitía, como Hobles, un estado de naturaleza anterior al estado social... Para Spencer Worsus, Novicow, etc., la sociedad es un organismo viviente con funciones análogas a las del individuo.
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