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- 419 - ticas y sensacionales, para lo cual recurren a todos los fingimientos posibles. Hacer caso de sus relaciones valdría tanto como tomar por estudios documentales y reales el Telé– maco y el Quijote. Llevan sobre sí una cruz bien pesada y mere– cen toda nuestra compasión. Sepamos apiadarnos del supplicium nervorum que ellos padecen. El Dr. D. de M., juguete él mismo de este su– plicio, apreciaba del siguiente modo las ternezas de sus amigos: « Desde que existe y padece el hombre, el len– guaje de la compasión, fué siempre uno de sus mejores consuelos y a menudo halla mayor alivio a sus males con una mirada, con un apretón de manos, con una palabra o una interjeción carita– tiva, que con todos los ingredientes que hacemos hervir, machacar y moler.» < 1 > Sin embargo nunca se tendrá bastante cautela en admitirlos en las Comunidades religiosas. Como viven en las fronteras de la razón y de la locura, son sensitivos, noveleros, intrigantes generalmente, con facilidad para pasar de un extre– mo a otro; ..del amor al odio, de la mansedumbre a la violencia, de la alabanza al vituperio; adoran hóy a personas que ayer odiaban, y a las que ma– ñana perseguirán, tal vez, con encarnizamiento. (1) Dechambre Dict. Encicl. des science_s medicales art. Malad. Nev. 28
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