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- 411 - La higiene es también principio del buen humor. La higiene del alma, en gran parte, consiste en la sobriedad y templanza y en el uso de las cosas. La crítica de nuestros actos nos descontenta siempre. Una falta que nos reprochen o un ridículo que se nos descubra bastan para acabar el buen humor en nosotros. Nada nos irrita tanto como. la conciencia de nuestra debilidad d.elante del mérito ajeno. La simpatía o antipatía que inspiramos nos pro– duce un fenómeno de placer o de desplacer. Basta que notemos q·ue algunas palabras nues– tras no son bien recibidas para turbarnos. Cuando vivimos en un ·ambiente simpático y de gusto nos alegramos y mostramos buen humor. Cuando nos movemos en. un medio antipático estamos de mal humor. Vemos las cosas como de revés. El desorden en las cosas que usamos, verbigra– cia, libros, muebles, ropas, etc., nos produce dis– gusto y mal humor. La acumulación de quehaceres por anterior de– sidia nos pone también de mal talante. Lo mismo ocurre con el desorde_n de las ideas, con la irresolución, etc.; pero cuando un esfuerzo de la voluntad establece el orden, se siente un rego– cijo placentero. Cuando hemos llenado bien los deberes respec– tivos experimentamos satisfacción y contento. No influyen poco en el humorismo las preocu-

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