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- 383--'- sabrosa; mas no comprendemos que se le atiborre y recargue· de materias, so pretexto de sus gestas– tes, como si «a fuerza de comer hubiera de criar. carnes», cuando lo que necesitará cabalmente será limpiar fondos, ya que el cuerpo de un tísico rebosa de materias tóxicas y productos bacilares. Admitimos el aserto de Debove, que dice: «El tísico necesita una alimentación que le sostenga y otra sobrealimentación que le modifique»; pero lo admitimos con tal de que está alimentación doble se le suministre en dosis terapéuticas. Es decir, que para producir su efecto apetecido esa sobrealimen– tación, es indispensable que la ca·ntidad de alimen– tos que se le ingiera cada vez sea asimilable y que el enfermo obtenga de ello beneficios. En una pala– bra, que para obtener que un tuberculoso no se ponga tísico o se mantenga en estado de curación clínica o le conduzca a la curación anatómica por la cicatrización de las lesiones el alimento; tiene que regularse por el quimismo estomacal. Sabido e.s que no tocio lo qpe se come aprovecha, sino únicamente lo que se digiere y se asirdla. Por eso Barbery condena la alimentación excesiva y el ré– gh_nen dietético extraordinario. < 1 > Nótese que la dispepsia acompaña ordinaria– mente a la tuberculosis, y no parece que pueda atribuirse a otra causa. En caso de ser un reflejo de la enfermedad, ella· misma aconseja, según A. Ro- (!) «Bulletin de Therapeutique». Abril 1905.

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