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379 en el régimen vegetal, son de origen animal y cons– tituyen desde luego la mejor base de alimentación. Hemos dicho que la ración ali:n~nticiJ debe re– gularse, según el estado de salud de ca ia uno, por– que, en primtr lugar, las calorías desarrollada3 no son las mismas, y porque la constitució:1 y resisten– cia histológica tampoco es idéntica. El que «110 vive Qara comer sino que come para vivir» no reparará en la dificultad que a veces pre_ senfa la higiene alimenticia. Hay que consultar me– nos el gusto que la utilidad, prefiriendo lo más sano a lo más regalado. Este asunto, mirado desde el punto de vista de educación moral y' religio:0-0, requería mortificación para no parecer demasiado delicado; desde el pun– to de vista higiénico, requiere también no tener una delicadeza demasiado refinada. Las cosa3 más deli– cadas no son siempre ni las más agradables ni las más útiles. La sabia naturaleza ha puesto en el placer de la mesa una medida, y un disgusto para el que rebasa dicha medida. Para que el placer de la m·esa· no cause pena, es preciso recibirlo de !as manos de la sabiduría, que es la higiene alimenticia. Precaved los arrepen– timientos con un poco de voluntad mortificada. No esperéis a que !a experiencia os instruya demasiado tarde y que os sirva más bien de castigo que de lección ... Sin la salud verdaderamente la vida es pesada;

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