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- 378 pero a la larga se gastan éstas o disminuyen, a causa de las pérdidas mutuas. < 1 > De todos modos 13 ventaja de los vegetales en general es indudable porque no causan apenas toxinas en el organismo. Dice Pelegrin Fraganillo Balboa que «además el vegetarismo engendra menos microbios en el intes– tino qne el uso de la carne. A los pocos días de haberse abstenido uno de carne, ya presenta en el tubo digestivo 70 veces menos microbios». Ya no miramos el asunto desde el punto de vista energé– Uco, sino en su aspecto higiénico, ni lo hacemos con pretensiones de definir, sino de orientar y ex– poner nuestro modo de pensar. Alguna experiencia ¡~ropia nos enseña que al descomponerse en el in– testino grueso los albuminoides, originan ácido úrico, urato_s de calcio y sodio, como hemos ano– tado poco ha; y nadie desconoce que el ácido úrico y los uratos, por ser poco solubles, se depositan en los cartílagos articulares, .cristalizan e impiden la circulación de la sangre, produciendo dolores intensos ... No por eso vamos a defender el veg:etarismo a banderas desplegadas, ni cometeremos la puerili– dad de afirmar QUe en el régimen vegetariano se proscriben todo_s los alimentos procedentes del rei– no animal. La leche, huevos, mantequilla, etc., que entran (l) En efecto, las toxinas de la carne llevadas en la corriente sanguí– nea a todas partes del cÚerpo, son disueltas por las antitoxinas que, las células, al verse atacadas, suelen elaborar. ¿Pero no es comprensible que se gasten las células de tanto segregar y se marchiten o enfermen?
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