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- 374 - grasas), cuya destrucción proporciona la energía necesaria para la vida, entrando además dichas substancias en la constitución de los tejidos. A cada instante una porción de tejido se destruye, incum– biendo a los alimentos la tarea de asegurar la reno– vación de la materia viva: por esto el que la nutri– ción sea perfecta, el que esta esencialísima función de la: vida se efectúe con la más completa normali– dad, es de capital importancia, pues entraña en sí el secreto de la conservación de la s.alud. (ll Para eso no basta lo que llevarnos dicho sobre la necesidad de la alimentación. Tampoco es sufi– ciente conocer poco más o menos el potencial ener– gético de cada grupo alimenticio; es preciso ciarse cuenta de la higiene alimenticia. No está el proble– ma de la nutrición en ingerir mucho, sino en dige– rir bien lo que se ingiere. De ahí la necesidad de este breve capítulo, a fin de que sea una verdad la frase « la nutrición es la vida». Entendamos, desde luego, que el alimento, cuya función primaria es dar vida, puede causar la muerte por un abuso inconsiderado, o causar gra– ves dolencias por su falta de condiciones higié– nicas. Escuchemos al mismo Doctor que hace poco hemos citado: ,, Las enfermedades del aparato di– gestivo y respiratorio, son los que más defunciones ocasionan». (1) Dr. Baltasar Hernáudez Briz. Ciudad de Dios, 20 Abril 1900.

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