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- 373 - Pero pocos encontraremos que quieran abste– nerse de lo que les gusta. < 1 > Jean Effingham, comía exclusivamente legum– bres, y vivió 144 años. Tomás Pars, inglés, vivió 152, y admitiendo en Londres un convite, cogió una indigestión y murió de ella, el que hasta entonces se mantuvo de pan, queso, mantequilla, leche y legumbres. Capítulo VIII. Higiene alimenticia Con gran razón ha dicho Bouchard que la nu– trición es la vida; en efecto en la escala de los seres viv.os hay algunos que carecen de sensibilidad, movilidad, inteligencia; hay otros que están priva– dos hasta de la facultad de reproducción, pero la nutrición, que es la noble corriente de destrucción y de reparación de los tejidos, la poseen todos. Con los alimentos se introducen en el organis– mo los tres grupos de substancias de que hemos hablado (albuminoideas, hidratos de carbono y (1) Como de paso y sin alardes doctrinarios, recordaremos aquí que según Huffeland, la carne tiene gran tendencia a la putrefacción y que los residuos que llegan al intestino grueso, ocasionan múltiples fermentacio– nes, cuyos productos envenenan. La descomposición de las albuminoides causan ácido úrico, uratos de .calcio y sódio y toxinas, que originan desarreglos orgánicos y dolores agudos por la cristalización de la sangre. Por eso no debe abusarse de las carnes. Los vegetales higienizan el aparato digestivo, yaun veremos que tie– nen propiedades microbicidas y que con los frutos gozan de poder aséptico.
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