BCCCAP00000000000000000000613

- 355 - Además, la suciedad de tal manera merma y atrofia las condiciones del hombre, que viene a robarle fuerzas, a decirle que vale poco y a indis– ciplinar su carácter. Es, por consiguiente, preciso ser aseado perso– nalmente, separar todo residuo animal o vegetal de todos los lugares, tener bien barridas las celdas y corredores. < 1 > Es necesario que el aire de la calle circule y flote en las viviendas libre de miasmas deletéreos. Provéase al convento de una cantidar! suficiente de agüa, de la que debe usarse· convenientemente. El agua de lluvia es benéfica en la estación. de pri~ ma vera y vernno; puede ser perjudicial en otoño e invierno. El aguá de mar usada en baño presta ex– celerites servicios, por sus efectos reconstituyentes, Los conventos, en fin, deben estar bien arre– glados y ordenados, y esto les dará un aspecto de respetabilidad y de decencia que e0ificará hasta a los extraños, con el ambiente acicalado y limpio que reinará en toda su estructura. Como el aseo depende mucho del carácter de ~ada persona, es preciso ar]icar a cada uno el tanto de responsabilidad en este asunto. El espíritu se degrada por las influencias físicas que le rodean y la decencia es destruída por el contacto i~cesante . (1) No se olvide el f1mdamento de la doétrina microbiana. Lister sen– tó el principio de que el polvo séptico que recubre todos los objetos obra infectando nuestro organismo al tocar sus superficies, por efecto de la ac– ción deletérea de los parásitos que aquél contiene. · 24

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz