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- 351 - Hay que observar escrupulosamente el pudor, pero hay que guardarse también de una mal enten– dida honestidad que nos haga desconocer las ilnpe– riosas exigencias de este aseo íntimo. Todo ser que se respeta, debe respetar todo lo que hay en él. Nada de vergonzoso hay en la limpieza de todo lo que es propio. En los repliegues profundos de los órganos se acumulan productos epiteliales y grasientos que a la larga irritan la mucosa y perjudican la práctica de la castidad. Hay que hacer desaparecer tales productos. Ciertas erupciones íntimas de la piel y órganos, vegetaciones, etc., provienen de esa falta de aseo. ,Si la castidad puede mirarse corno un gran pre– servativo contra muchas enfermedades, el aseo ín– timo es un gran remedio contra muchas tentaciones y ayuda r oderorn de la castidad. Véase cómo se equivocan, sobre todo ciertas religiosas, en sus apreciaciones respecto al aseo íntimo. Objeciones necias a) No faltan personas religiosas que para justi– ficar sin duda su pereza más que su virtud, sacan a colación la vida penitente y austera y hasta sucia de algunos santos. Dejemos a los santos con sus santidades obra– das por una particular inspirac:ión.
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