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- 350 - Otros atribuyen a la misma causa la propaga– ción del dengue, cólera, carbunclo, etc. < 1 > d) En una casa de cultura higiénica ni los vi– drios de las ventanas estarán rotos, ni el jardín lleno de malas hierbas, ni los suelos escupidos, ni los te– chos con telarañas, ni los zócalos y cornisas empol– vados, ni arrojados en las esquinas objetos sucios, ni perdurarán en las celdas aguas usadas para e1 la~ vado, pues sería asquerosa gorrinería lavarse dos días seguidos con una misma agua. Valor del aseo El valor del aseo es la economía y la comodi– dad. El desaseo es un parásito que se alimenta de la vida humana. La suciedad está relacionada en cierto modo con los goces egoístas de la pereza. El aseo es quizá- una de las cosas más morales que están en la facultad del hombre, en la vida común. El aseo aumenta la predisposición hacia todas las cosas buenas'. Podríamos ir más lejos y afirmar que la pureza del pensamiento y del sentimiento resulta de la pureza habitual del cuerpo. A este respecto aconsejamos con cuidado la higiene íntima. (1) En regiones cálidas se usan mosquiteros para evitar estas moles– tias; pero lo mejor es evitar charcas donde depositan sus huevos las hem– bras, y emplear telas metálicas tupidas en los marcos de ventanas, destru– yéndolos en su fase acuática de larvas y ninfas. Evitando barro:., léga– mos, etc. se evitarán los peligros.

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