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- 347 - Capítulo VI. Aseo Ya hemos dicho que el aseo es un deber im– puesto por la cultura física. Decimos ahora que la ciencia de la higiene es el aseo. La pobreza de !a vida claustral no está reñida, antes se hermana mejor con todo lo que dice aseo. El aire puro y el agua son sus principios esenciales. El aseQ personal o limpieza de la persona com– prende las lociones, los baños, duchas, etc. La suciedad se opone al ejercicio de importan– tes funciones de la vida. La inmundicia, obstruyen– do los poros del cuerpo, dificulta la transpiración y la absorcJón y es-causa de muchas enfermedades y asquerosas erupciones. Por eso las prácticas hidroterápicas han sido llamadas manantiales de salud, porque preservan de la cloroanemia, de los catarros, de la anore– xia (1), de la gastralgia, de la melancolía, del histe– rismo, etc., etc. Un religioso o religiosa pobre debe hacer resal– tar en su pobreza la hermosura de la limpieza. El aseo es la elegancia del pobre, dice el proverbio inglés, y previene en favor suyo como a una casa sus labrados dinteles, aunque luego la vivienda sea muy modesta. Empero no es lo mismo aseo que coquetería. (1) Pér.dida del apetito.

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