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_·335 - El brasero únicamente puede tolerar.ce a título de mal menor y estando bien pasado. Las estufas de hierro fundido o de porcelana pueden usar~e poniendo sobre ellas ánchas vasijas con agua para que los vapores presten al aire la humedad que les roba el calor. No pueden compe– tir con la calefacción central. Las chimeneas son mejores, pero con ellas sólo se utiliz:a el seis por ciento de calor y requieren mucho combustible. Calientan por radiación, calen– tando primero las paredes. Tienen la ventaja de dar lugar a una fuerte ventilación. Los caloríferos de vapor de agua son muy caros. Hay caloríferos de agua calient; y de aire ca– liente, de ga~, de petróleo, de electricidad; pero los me~orf'S son lm; de aire caliente. Tienen 'un fogón, una cámara de calefacción y una chimenea de tiro, con una entrada de aire frío y otra salida de aire caliente. Sin embargo, no dejan de tener su peligro, por las fisuras de los tubos de las cámaras de cale– fac~ión, que permiten la salida de los gases hacia tra este envenamiento en la calefacción por el brasero. El óxido de carbo– no que produce es fatal, y cuando la combustión es más incompleta mayor peligro acarrea, porque entonces se forma mayor abundancia de veneno asfixiante. Como dice el doctor \V. Coroleu, el bra¡;ero en un recinto ce– rrado, cuando se olvida y deja apagado, es un peligro de muerte. Debe– mos también advertir que el sistema magnifico en calefacción, pero de– testable en higiene, de quemar poco carbón a tiro lento, como ocurre en los conventos, es peligrosisimo... De ese modo habrá el mínimum de gas– to y el máximum de calor, pero también el máximum de condiciones para la asfixia.

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