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- 333 - deado por las corrientes ascendentes de aire calien– te que ese contacto determina, por el calor que abandona el vapor de agua que se condensa. Por eso las variaciones de temperatura en las capas bajas de la atmósfera son fuertes, mientras que en las capas elevadas el estado térmico perma– nece invariable. El calor atmosférico influye poderosamente so- bre el organismo. · El calor exterior en muchas ocasiones es suple– mento del calor interior o natural y ayuda a mante– ner la temperatura propia del ser humano, activa las funciones de la vida, facilita la transpiración y conserva la flexibilidad de la piel. Puede ser desfa– vorable por exceso y por defecto; en el primer caso excita demasiado la temperatura, enerva los órga– nos, irrita el estómago, desenvuelve el aparato ner– vioso, causa cefalalgias, síncopes, meningitis, y contribuye a la disminución del poder cerebral. Es preciso precaver los locales de estudio de la demasiada elevada temperatura, porque la inteli– gencia participa de esa laxitud y pesadez orgánica · que todos sentimos en tiempo de grandes calores. El frío o el calor poco intenso, cuando obran con moderación sobre el organismo, producen efec– tos vigorizantes y tónicos; es provechoso para los jóvenes víctimas de la anemia, puesto que actúa sobre nosotros, activando la funcionabilidad de los órganos anémicos y debilitados, y abre el apetito. Pero el frío intenso o que pasa los límites de la

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