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- 316 - separados de la planta y colocados en la obscuridad y por la antropotoxina, o veneno humano. Cuando es puro y salubre, mediante la respira– ción cede oxígeno a la sangre, haciéndola apta para la nutrición, estimula las partes vivientes del cuer– po, engendra calor por medio de la combustión y evita que se acumule el ácido carbónico, que aten– ta contra la vida. Cuando es viciado, los órganos se cargan de ácido carbónico y se verifica una verdadera asfixia lenta. Adondequiera que vivan juntas un número de personas, se envenena la atmósfera, a no ser que se tomen medidas para renovar el aire, pues éste se carga de ácido carbónico producido por la respira– ción, y lo que despide el cuerpo se convierte en veneno para el cuerpo, que nuevamente lo introdu– ce por los pulmones. Rouseau dijo, que el hombre es entre los anima– les el menos acomodaao para vivir en sociedad. El aire viciado por la multitud, lo mata. No es la hu– medad del aire, ni la densidad, lo que más le per– judica, sino la animalización que le comunica tanto número de hombres reunidos. Apenas hemos respi– rado cuatro veces seguidas un mismo aire cuando ya se convierte, de conservador de la vida, en un formidable veneno, ha dicho Huffeland. Es necesario evitar el respirar un aire que haya estado en los pulmones de otro; pero en las Comu– nidades donde tienen que estar muchas penonas en
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