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- 229 - El primer precepto que debemos establecer es que lo mismo el exceso mental que el exceso ma– terial, contribuye a la degeneración y malestar cor– poral. Los aficionados al estudio, dice Tissot, c 1 > son como los enamorados, que se ponen furiosos si se les quita el trabajo mental. Para que el exceso de actividad mental no per– judique, tengamos en cuenta: a) Que la variedad, a este respecto, es el se– creto de su inofensividad. b) Que el saber descansar es también un arte en los pensadores. e) Que cada uno trabaje en condiciones natu– rales o adquiridas, pero propias. Miguel Angel vivió 90 años, porque pasaba de una ocupación a otra, del cincel a la acuarela o cartabón, como jugando. Ravaille insiste, con razón,. en la necesidad de que cada uno trabaje en aquellas condiciones de que la costumbre les ha creado una nece– sidad. Unos no saben pensar sino de pie,· otros como Montesquien, síenten más actividad mental galopan– do en una silla de posta. Estos, trabajan mejor en el aislamiento; aque– llos al aire libre; hay quien discurre mejor en me- . dio de la animación y del ruido. (1) De la Sante des ·gens des lettres, pág. 103.
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