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para sí el derecho de ser consideradg su doctrina como recibida de Dios. O> · Los Apóstoles gozaron del triple poder de la ordenación, de la· jurisdicción y del magisterio; y cuando las persecuciones les sacaron de Jerusalén y les obligaron a ir por nuevas vías, multiplicaron discípulos, creaodo nuevos apostoles de la Verdad. El fin de la Institución apostólica fué la educa– ción de sus miembros para la cristianización del mundo... Nosotros, continuadores, aunque con menos prerogativas, en la obra de la cristianización, debe– mos prepararnos a este ministerio, para ejercerlo en las condiciones más propias al fin establecido. < 2 ) Debemos para ello cultivar la mente y preparar el corazón con lecturas copiosas < 3 > y escogidas, con celo fervoroso y activo y con espíritu de Dios. Sin esto, todo el efecto que causemos, no pa– sará de una acción fototáxica, cutánea, periférica... El ápóstol de Cristo Pasen de largo estos avisos los oradores de fama, que no entra en nuestro plan dar un tratado de preceptiva, ni aleccionar a los doctos. (1) l. Tesal. 11 - 13. (2) Ténganse en cuenta las prescripciones de León XII!.-31 Julio 1894. Pío X y la Sagrada-Congregación Consistorial.-28 Junio 1917. El Rdmo. P. Andermatt decía en sn carta sobre esta materia: «Spe– ciali attentione dignum habeatur sacrre eloquentire studium., · (3) «Non potes! ex humili cogitatione sublime dictum existere, nec potest angusta objectaque mens veram et magnificam sententiam parere., WYTTENBAH. Por eso hay que recurrir a fuentes escogidas, de sana elevación.

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