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- 241 - Hombres como el P. Bicci, discípulo de Clivius, llevaron a la evangelización entre los chinos, no solamente su alma de apóstol, también su ciencia matemática, con la que como protectora del misio– nero ganaban a los mandarine3. < 1 > La ciencia •ad ornnia utillis est» como la fé. El misionero entre infieles perseguido y maltra– tado, es testimonio vivo de J. C. Reóforo viviente de su doctrina. El P. Bonchet escribía desde las Indias: «Nues– tra misión está más floreciente que nunca, pues he– mos tenido cuatro grandes. persecuciones en este año.» Aquí está la prueba de la verdad. Este entusiasmo y temple de alma es lo que no conocen ni explican los idólatras ni tal vez los racionalistas... Pero decimos que hoy, tampoco ·basta eso para la actuación integral del apóstol de Cristo, eso tan sublime y maravilloso; necesita prepararse para otro linaje de apos.tolado... que han creado los tiem– pos y es preciso llevar allí nuestras armas. Apóstol social La poca fecundidad de la actuación religiosa en nuestros días es tema de profundas reflexiones y amargos lé'mentos por parle de todos los hombres (!) Los jesuitas que salían para China se arm~ban de telescopio y del compás.-Chateaubriand,
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