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- 251 - generosamente las obligaciones que impone. Po– niendo el hombre el esfuerzo y el cariñó en todo aquello donde se vea y fulgure la gloria de Dios, hacierido dejación sincera y verdadera de egosímos y partidismos, para buscar < quod sunt J esu Christi." (f) finalmente, que como aconse_;a S. Pablo, sí debemos tener presente el <omnia omnib~;; fal– tus» para ganarlos a todos, porque nos debe urgir la caridad del maestro; pero evitemos contaminar– nos con lo malo que corroe la sociedad. Para combatir el mal y ganar la voluntad de los adversarios, no es prudente •asimilarnos sus fuer– zas, sus ideas, sus aspiraciones, etc.» sino que fir– mes en la orilla para valernos de la frase de un clá– sico comentando la visión de S. Anselmo, alargue– mos la mano a los que arrolla el torrente a fin de ponerlos en salvo... Observaremos, para terminar, que rnanjo un predicador está entregado completamente a Dios y _busca hablar < non in persuasibiliblts luma ne sa– pientire verbis sed in ostensione spiritus et virtutis» (I Cor. 2 - 4) concurre Dios a la elocuencia, verifi– cándose el «dabo ·vobis os et sapientiam cui non poterunt resistere adversarii vestri. » < 1 J Entonces encaja perfectamente lo que dice el apóstol: < 2 > « Vivus est sermo Dei et eflicax et pene– trabilior omni gladio ancipiti » etc. 1) Luc. 21-15. 2) Hebr. 4-1 l.

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