BCCCAP00000000000000000000613

\ tanto n~ejor cuan(o más equilibrada y nutrida se encuentre la constitución histológica de sus ele– mentos anatómicos. Cuando se presenta la enemiapretuberculosa de que habla Bertehim, será preciso alarmarse justa– mente y saber que el diagnóstico hecho en el pri– mer período de la enfermedad adquiera una i111por– ta ncia enorme, porque la tuberculosis tiene tantas más probalidades de curar cuanto más al principio se la combate. De modo que es preciso obrar a tiempo y prevenir el desastre interrumpiendo el ciclo mórbido del bacilo. Conviene saber que la cloro-anemia sintomática de la tuberculosis va acompañada de fiebres y adelgazamiento rápido... La piel no presenta enton– ces el tinte verdoso característico de la clorosis verdadera, se presenta más bien gris sucio, las fuer– zas del joven aparecen disminuidas y sus músculos presentan flacidez... En este caso, no es prudente decir que «es cosa del desarrollo y que irá curándose con el tiempo». Nó: será más prudente decir que tenemos un caso patológico, y que ese organismo necesita nutrirse y robustecerse para la defensa contra la invasión tuterculizante. Lo que ese joven presenta, es el envenena– miento microbiano resultante de las toxinas bacila– res que a proporción que las va segregando la bac– teria tisiógena, circulan con los humores y llegan a impregnar los elementos histológicos,

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz