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Enfermeros Quien haya leído, v. gr.: la tesis del Dr. Blatin, la del Dr. M. Ch. Comte y el estudio del Dr. Di– net, < 1 > no podrá menos de dar grandísima iinpor– tancia a la cuestión que encabeza este párrafo. Las enfermeras laicas, escribe el Dr. Blatin, son mujeres llenas de buena voluntad, poseen una ins– trucción técnica regular, y sin embargo, carecen en absoluto de condiciones •para la asistencia, porque al fin son sirvientes, mercenarias, y para el caso se necesita sacrificio.> No pueden comprender la gran– deza de los deberes que les impone su profesión y no la comprenderán jamás.» Donde se ponen de relieve las tres precisas condiciones de las personas encargadas de cuidar enfermos: (a) instrucción técnica, (b) espíritu de sacrificio, (c) comprensión de sus deberes... Por eso en las Ordenes religiosas se da el cargo o asistencia de enfermos al que mejor puede reunir dichas tres condiciones. «La mayoría de las enfermeras, añade por su parte el Dr. Dinet, proviene de un nivel social demasiado ínfimo, para que se pueda pedir de ellas los cuidados que necesitan los enfermos., Donde se asigna otra de las condiciones indispen– sables para tan delicadas funciones: la educación, el trato atento y delicado que se recibe en un nivel superior de la sociedad. (1) En Revue de deontolog!e. Sept. 1904.
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