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- 269 - ciente, que tal vez no lo hará, o por espíritu de mortificación, o por delicadeza de no molestar, o por falta de confianza. Debe procurar que haya suma limpieza en todo lo que atañe a los enfermos, en el local, en la ropa, en los utensilios. Nunca se haga el barr:ido en seco levantando polvo. Ábranse las ventanas convenientemente pa– ra la ventilación. Prepárese la cama de modo que halfe el enfér– mo mejor reposo ... Hágase lo que se pueda para suavizar al enfermo los momentos dolorosos. No se le echen en cara las impaciencias y caprichos que motiva el estado de sufrimiento. No se engrían ni molesten porque se vean con– trariados en alguna determinacion, considerándose irrefutables sólo porque conocen un poco el oficio. Es muy bueno ser limpios y lavarse las manos antes de ayudar a un médico o practicante o tocar una medicina; pero eso es muy poco... todo el mun– do convendrá en que para asistir y curar las dolen– cias del prójimo, la condición primera es la virtud, el espíritu de caridad y de sacrificio. Un enfermero religioso o enfermera religiosa debe ser para el en– fermo algo más que una nurse norteamericana. La doctora Hamilton < 1 > decía: « La enseñanza (!} La doctora Hamilton operaba en Burdeos y era directora y médica titular de la Casa de Salud protestante y centro hospitalario de las en– fermeras.
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