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- 280 - pone que tienen su origen en la putrefacción; pero hoy no se puede afirmar esto porque a veces ocurre lo mismo en los vivos y otras veces no existe en los cadáveres. Precauciones finales Aunque se den por señales ciertas de muerte la ausencia de los movimientos cardíacos, el frío ca– davérico, la rigidez de los músculos y la putrefac– ción del cuerpo, al cabo sólo ésta es la señal infalible. Los doctores Gobal, Duchesne, Tournier y otros presentan muchos casos observados por ellos en los que aparecían todas las señales de muerte, incluso la cesación del movimiento del corazón, y, sin embargo, vivían. _ Téngase, pues, ~n cuenta esto para poder soco– rrer al enfermo, si es preciso, hasta después de creérsele muerto, o de cesar de latir el corazón, porque aun siendo cierta y segura la muerte al de– jar de funcionar definitivamente el corazón, la difi- · cultad está en determinar cuándo cesa el corazón definitivamente en sus funciones. Como consecuencia de .esto, cuídese de no atar las manos, la cara, etc., de la persona difunta hasta que venga la rigidez cadavérica, para no obligarla a morir antes de tiempo, si aun vive. Igualmente recuérdese esta doctrina .para la administración de Sacramentos, sobre todo de la
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