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- 281 - Santa Unción, que podrá administrarse aun des– pués de que el enfermo haya tomado la actitud cadavérica que ordinariamente se estima por de muerte. Por tánto, no se deje de llamar al capellán o confesor en los trances inesperados de súbita .crisis. No todos los que parecen muertos lo están de hecho, y aunque no d~n señales de vida pueden oir y, sobre todo, recibir con fruto la Extremaulición o la absolución. NOTA.-Recordamos a las Superioras de las casas de religiosas la caridad que deben ejercitar con los enfermos, particularmente en lo tocan– te al espíritu. Horrible crueldad sería poner trabas a la conciencia de la monja respecto a la confesión no llamando por fútiles miramien– tos al sacerdote que ella solicita. Aunque la enfermedad no ofrezca peligro de muerte, puede la religiosa llamar a cualquier confesor, aunque no sea aprobado para mon– jas, y confesarse con él cuantas veces quiera durante su enfermedad. Las buenas Superioras no esperan a que la religiosa en tales casos les pida confesor extraordinario, sino que ellas mismas espontáneamente se lo ófrecen. (Véan– se Normas y el P. Ferreres.)
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