BCCCAP00000000000000000000613

~ 293-= de su volumen, aparece la disnea. Al 4 por 100, ha yuna respiración extrema o asfixia; en la pro– porción del 3 por 100 puede, venir la muerte. La insolación, que puede ocurrir en nuestras mi– siones, se trata acostando al enfermo con la cabeza un poco elevada; se le sueltan los vestidos, se le hace aire, y si se dispone de hielo, se le pone en fragmentos entre dos servilletas; si nos e tiene hielo se le· echa un chorro de agua fría en la cabeza. Ocu– rriónos que ni así recobraba el sentido un compa– ñero nuestro; entonces le cubrimos todo el cuerpo con pedacitos de hielo y lo envolvimos en una sá– bana bien IT.ojada, hasta que vino a dar cuenta de sí aquél que los médicos juzgaron cadáver. Para reanimar la respiración, se le tira de la punta de la lengua con' un pañuelo o con pinzas, acompasadamente, dejándola caer hacia atrás, repi– tiendo -eso mismo unas veinte veces por minuto. En estos casos se utiliza con ventaja la inhala– ción de oxígeno, poniendo un globo de este gas abierto junto a la boca y nariz, cerrando la llave de cuando en cuando. Congelación. Cuando a causa de un frío se con– gela un individuo por falta de circulación de la sangre, nuestro deber es ayudarle, friccionándolo con nieve o con una tela blanda, paño o toalla mo– jada en agua fría. Careciendo de nieve y de agua fríá, procederemos a las fricciones secas, siempre con cuerpos blandos. Cuando va volviendo en sí, se. le traslada a una habitación donde no haya fuego ni

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz