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- 222 - que necesita .pasto; tanto más se daña a sí misma cuanto más en sí misma se concentra sin otro alimento.» « La tristeza de espíritu deseca los huesos,, dice el Espíritu Santo (Prov., XVII), y en otra parte: « No dejes que la tristeza se apodere de tu alma, no te aflijas a tí mismo con tus ideas melancólicas., « Vivid siempre alegres en el Señor; vivid ale– gres, repito, exclama San Pablo. (Philip., IV). para nosotros está escrito aquello de: ,Gocémonos y saltemos de júbilo». < 1 , Ilusiones Pero hay otro peligro en las indiscretas auste– ridades de que habla Joly: el podamos llegar a ser juguete de las ilusiones. Las ilusiones de los falsos místicos entran por la puerta de las indiscretas austeridades. Nos referimos, verbigracia, a esos falsos éxtasis y arrobamientos y visiones, mezcla de debilidad corporal y de desvarío. El abatimiento físico aumentado por el aban– dono de la voluntad; la melancolía que entra al alma por la seducción o la tiranía de una imagen · (1) San Pacomio conservó hasta los últimos momentos de su vida, tan rica en mortificaciones, el rostro resplandeciente y el aire fresco y alegre que le había caracterizado toda la vida... De un ermitaño del desierto de Escitia, leemos que cuando sus herma– nos le creían ya muerto, abrió los ojos y se echó a reir con toda su boca tres veces seguidas, satisfecho de haber vivido y de morir contento, según la voluntad de Dios.-Vit. Patrum. 3. 159. etc.

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