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- 220 - lentos y pesados, ya sea por razón del género de vida, ya por razón de la edad, ya también porra– zón de constitución física, debe procurarse la cali– dad en los alimentos, porque en estos casos la abundancia de alimentos puede ser dañosa. Mas en los procesos activos tanto más debe procurarse la cantidad cuanto mayor sea la actividad de la asi– milación o desasimilación. Ocurre lo segundo, ge– neralmente, en los jóvenes y en los que llevan vida de trabajos pesados. Ocurre lo primero en losan– cianos, en los jóvenes débiles, en las mujeres aun no bien desarrolladas, en los que ejercen artes libe– rales, etc. La moral cristiana, generalmente, excusa de mortificación corporal de alguna importancia a todos aquellos que sufren un desequilibrio notable orgánico o psíquico, y a los que son candidatos a la tuberculosis u otras infecciones, o tienen mani– fiesta propensión a un grave desorden visceral. El espíritu de la Iglesia pide y exige que nos mortifi– quemos; mas en modo alguno quiere que nos im– posibilitemos. Tristeza Antes de cerrar esta doctrina convendrá reco– ger una observación que trae el abate Le Monier en su excelente historia de San Francisco de Asís: «Es preciso tener gran discreción en el tratamiento que imponemos al cuerpo, nuestro hermano, si no

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