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- 209 - en ver peligro en todo lo extraordinario; y aunque le haya algunas veces, es preciso probar el espíritu y dar a cada uno aquello que conviene mejor a su santificación. Con el sistema de los prudentes exagerados y tí– midos no hay que hablar de «ansias y locuras de amor»; y sin embargo, todavía existen almas que pudieran repetir con Santa Catalina de Sena: < Mi Dios tomaba con sus manos divinas el fuego que tenía en su corazón y lo arrojaba en el mío., Y ob– servé, prosigue la santa, que mi corazón era peque– ño, y cuando Dios me arrojaba el fuego del suyo al mío, se iba poniendo grande y hermoso.» Lo que cabe en estos corazones no cabe en el nuestro. De ahí los temores y recelos, considerándolo todo como excesivo e imprudente... Tal vez por eso se queja el Señor por lsaías (3--14) como si dijera a los directores excesivamen– te p(udentes: « Vosotros: Habeis destruído mi viña» ... Por ventura yerran con buen celo, pero el que temerariamente yerra estando obligado a acertar, como cc:da uno lo está en su oficio, no pasará sin castigo, según el daño que hizo. Porque los nego– cios de Dios con mucho tiento y muy a ojos abier– tos se han de tratar» ... < 1 l (!) Arint. Evo!. mist. 2.ª p. cap. ll. pág. 358.

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