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- 208 - Cuando un cristiano aun no está plenamente convertido, dice Fenelón, < 1) hay que recomendarle siempre el ser discreto; pero, después, es de temer que lo sea demasiado. · Es verdad que se requiere en todo cordura so– bria, pero es necesario también hacer más caudal de aprecio de la influencia del Espíritu Santo. La prudencia carnal nos imposibilita para los grandes vuelos y por nosotros quedan también im– posibilitadas otras almas. Es cosa que espanta cuán sin tino se coarta el vuelo del espíritu y cuanto estorba, a los llamados a mayor perfección, esa prudencia de la carne, que es enemiga de Dios. Tememos autorizar ejercicios y mortificacione·s santificadas y conservadas por la tradición ascéti– ca, pensando que todo ha de dañar, y que nada hay mejor que la mortificación de la voluntad. Y esto es verdad; «porque los más santos, observa el P. Grou, ( 2 l no son los que cometen menos fal– tas, 8ino los que tienen más valor, más generosidad y más amor para hacerse violencia a sí mismos». Pero también es verdad, que la mortificación inte– rior tiene que ayudarse de la exterior, y que los demasiado tímidos hallan la razón de sus cobardías en la prudencia excesiva ... Todavía hay directores espirituales empeñados (1) Scnt. de piel. Simpl ic. (2) Man, püg. IU6-8.

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