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- 204 - hay oficiales incomparablemente más rendidos a un rey mortal que lo estamos nosotros al Rey de los reyes » «Sed perfectos», dijo Nuestro Señor a todos los que le escuchaban. El religioso está obligado a as– pirar a serlo. Por lo menos esto debe procurarse con solicitud creciente. Esta perfección no se ha de entender de las prácticas exteriores d~ devoción (confesiones, co– muniones, oraciones, vía-crucis, rosarios, e.te. ), sino, sobre todo, de las disposiciones interiores del que se dedica a estos ejercicios. En el religioso no se refiere a sólo el cumpli– miento exterior de los votos, sino tanibién a las dis– posiciones del corazón. Hase dicho que lo qu.e nos hace elocuentes es el corazón. Así, lo que nos hace perfectos es el co– razón. Lo cual se demuestra en el valor que se des– arrolla en las pruebas para llegar a la vida interior y a la perfección. Ni es perfección el rigor de la vida, la mortifi– cación de la carne, el cilicio y disciplina. No es perfección el haber adquirido el hábito de rezar mucho, oir muchas misas, asistir a todos los oficios divinos y frecuentar la iglesia y las Co– munidades. No es perfección el acudir a la oración, el amar la soledad y el silencio y observar exactamente la disciplina de la Orden.

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