BCCCAP00000000000000000000613

- 198 - Los medioletrados, si son humildes y celosos, aprovechan a las almas de buena voluntad . . Los sabios sin piedad y sin celo entretienen, pero no empujan a la santidad. Hay almas que saben dar consejos, aunque no saben recibirlos. Hay religiosos que creyeron ser una nonada la elección de un director, en lo que se prueba la nada de su perfección. Un director dista mucho de un mero confesor... éste absuelve de pecados, aquél gobierna el alma por santos caminos. Cuando quieras obrar con acierto torna del con– sejero el camino y arribarás al puerto. Santa libertad La educación del alma reclama además no opri– mirla con peso de rezos y hartas devociones; las aprobadas, santamente practicadas, bastan. No es más fervoroso y santo el que ora más o Cf. Vida, ¡:or el P. Al. de S. Berdo. lib. 1, c. 25, no se ha de tratar sino con los que la viven; porque no tiene ordinariamente alguno rn:ís conocimien– to ni sentimiento de cuan{o bien obran. Por eso la Santa observa: que a quien el Señor lleva por este estado, no hay placer ni consuelo que se iguale a topar con quien le parece le ha dado el Señor principios de esto. Vida, c. 30. De un mal director deben huir y desentenderse discretamente; y si no pueden hallar otro, más les vale, como dice Santa Teresa, quedar sin nin– guno, confiando en Dios que así lo permite, que no guiarse de un ciego. P. Arint. Evoluc. Míst. 2.ª part. cap. 11.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz